11.30.2009
29 de noviembre
Cerrada Chapultepec, Fraccionamiento Tepetzintla, Colonia Luz Obrera, Puebla, México.
He caído, a mi regreso a México, casi por accidente, en una colonia de bárbaros. Según Rosebud, es un nido de serpientes. Yo los veo como un grupo homogéneo de primates, poblanos, sumamente ornamentados que con religioso rencor defiende el derecho de la mayoría a aplastar a quien se oponga: “lo votamos en la junta, la mayoría lo decidió”, se justificó uno de los líderes - echándome una de esas miradas que sólo los cristianos, con su corazón lleno de hipocresía y pensamientos confundidos, pueden aventar.
Ahora les ha dado por cerrar la calle, imponer una puerta eléctrica a la entrada de la ‘cerrada’ donde vivimos. Intenté explicarle, con miedo a que terminara por escupir en mi cara, que lo más importante era defender el derecho de los pocos que nos oponíamos al 'cierre de la cerrada' - algo que podría parecer confuso pero que quien conoce de mitologías de calles poblanas seguramente logrará entender. Intrigas, Chismes, Rumores, Preguntas, Mentiras, Miradasenvidiosas, Alcoholismo, Frustración, Pretesión, son los apellidos de las familias que habitan Cerrada Chapultepec de la Colonia Luz Obrera, muestra socialmente microscópica de la vieja Puebla anestesiada.
11.24.2009
10.30.2009
9.28.2009
28 de septiembre
Tengo un viejo guardado en un clóset
Cuando llueve torrencial le abro las puertas
Me cuenta que las lluvias lo único que hacen
es hablar de los años, asesinas de bugambilias
Un día unos hombres malos tocaron a la puerta
Se robaron nuestra casa y construyeron un castillo,
(sendas columnas de cemento barato anuncian la entrada)
A veces, cuando llueve fuerte, me arrastro hasta una de las
compuertas
enciendo un cigarrillo y me siento a ver llover, cojo la escoba
y hago montoncitos de hojas mojadas
Las bugambilias de las que habla el viejo siguen ahí, cayendo
con las lluvias… me dan ganas de abrir las puertas y encontrarme
buscando al viejo dentro
Mas ya todo está podrido, los recuerdos quedaron intactos, las lluvias
ya sólo vienen a destruir las imágenes
Cae a cuenta gotas el agua por el desague, escucho las voces
y las burbujas que se crean en el piso, sobre el moho, me recuerdan, brevemente
la poesía de otros días… relampaguea y éstas escapan hacia el drenaje
Yo no creo en lo que me cuenta, no creo que las lluvias cuenten los años
quiero imaginar, obstinado, que las lluvias siempre están ahí y que las memorias en burbujas nunca se ahogan.
Meto la mano en el lodo y de entre las raíces de la bugambilia saco una rana
es una vieja, muy verde que antes de escapar,
ahora sólo me queda salir a bailar sobre la lluvia seca – me mojaré de las gotas de ayer.
9.27.2009
Llegamos a Khajuraho cerca del crepúsculo.
El anaranjado del cielo me recordó lo atardeceres del valle en el que nací, de frente al Popocatépetl. Una manada de búfalo acuático emergió de entre las aguas de un estanque verdoso, al otro lado de la acera - habían buceado desde la pradera de enfrente. Unas cuantas cabras cruzaron camino con los búfalos; uno de ellos aparentó arremeter contra una cabrita que se separó de la manada.
Atravesamos un campo que parecía propio para la práctica del futból llanero pero donde el cricket era dueño de las emociones. Dos hombres, de barba entrecana, de unos 50 años se acercaron en unas motocicletas Yamaha 250 rojas. El contraste entre el esmeralda de los ojos del que nos habló y lo oscuro de su piel me hizo pensar en lo multicolor de la mezcla entre las sangres afgana y dravidiana en el norte de la India. Los rechacé y caminé alejándome de la mirada celosa – y coqueta – de un macho de bubalus bubalis.
Escapábamos del monzón; venía tras de nosotros, reviviendo al continente. Llegamos a un Ashram, un refugio casi erótico donde descubrimos ranas azules, libélulas parlanchinas y moscos de los malos aires. La primera noche la pasamos febriles, ahogados de deseo, intentado apagar una pasión mucho más que pélvica, casi incandescente; intentando comer, devorar al otro. Las picaduras de los moscos, el monzón tocando a la ventana con sus millones de palomillas luminiscentes, los temibles pericos come-cabras, las alimañas de mil pies – que si las pisas se convierten en mariposas arcoíris, las únicas venenosas – no nos amedrentaron al momento de olvidarnos, de derretirnos en sexo envuelto de vueltas y volteretas con aroma de sándalo y un grupo de monos que, a manera de una espectacular audiencia depravada, se asomaban por la ventana: hay un cierto entendimiento animal en cuanto al sexo entre ellos y nosotros, no llega a deseo, creo.
Nos contagiamos de la locura de la vida, en el festival de las sanguijuelas y los batracios de piel oscura que juegan a ser dioses de los monos del Oeste. Las fiebres índicas nos llevaron por el camino de Madhya Pradesh a perdernos en el deseo, a experimentarlo todo.
9.25.2009
Tengo la cafeína por los ojos, los espacios muertos: verdes claveles disfrazados de jacarandas.
Ya no me derramo; ahora me deshago, el viento se me lleva el polvo: me deshace Castillo. Estoy hecho de papel, no pretendo grandeza sólo espacio. Lo único que deseo es caminar entre mis sueños que son purpúreos, como las jacarandas que se esconden adentro de la tierra por meses.
Sueño que manejo a través de flamboyantes gulmohares en relucientes avenidas llenas de cascadas de piedra y cráteres de saliva. Sigo perdido.
Las preguntas se avienen, no hay respuestas.
Todas las hojas púrpuras del mundo.

